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viernes, 27 de abril de 2012

Tamara Guirao: "Soy la tercera generación de emigrantes de mi familia"


Nombre: Tamara Guirao Espiñeira
Edad: 33 años
Profesión: Relaciones Internacionales
Nivel de estudios:  Máster / Dos primeros años de doctorado
Lugar de nacimiento: A Coruña, Galicia, España
País de residencia: Bretaña, Francia

¿Cómo surge la idea de marcharse fuera de España?
Cuando terminaba la enésima beca, dos personas que no se conocen entre ellas me enviaron la misma oferta de trabajo. Me costó decidirme,  envié la candidatura el último día a última hora y confirmé la entrevista también con poca antelación. Mi madre me dijo “Tú estudiaste para esto. Si te tienes que ir, te vas. Aquí no tienes nada”.
¿Trabajaba en el momento de tomar la decisión de marcharse?
En el momento de tomar el avión llevaba dos meses en paro.
¿Le costaba encontrar trabajo “de lo suyo” en España? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
En Relaciones Internacionales siempre somos muchos para pocas plazas y lo internacional deja de ser una prioridad en tiempos de crisis, lo que reduce la oferta. Las condiciones económicas no eran comparables a lo que me ofrecían en Francia (o en Bruselas, que era la otra opción), ni en términos de salario, ni de contrato, ni de responsabilidades.  Sin embargo, lo importante de mi decisión no era lo mucho que ganase o el ser fija, sino que me ofreciesen un proyecto que me motivase. Y para eso había que salir fuera.
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera?
Mi experiencia es atípica. Trabajo con gente de nacionalidades, edades y culturas muy diferentes, así que no puedo decir que esté sometida a la cultura laboral francesa. Respecto del día a día, he de decir que haber pasado aquí mi año Erasmus me ha dado ciertas ventajas, tanto lingüísticas como culturales a la hora de adaptarme.  Los franceses tienen una concepción de la intimidad muy diferente de la nuestra, el espacio personal es mayor. Nadie alza la voz y todos se tratan de usted. Si lo tienes en cuenta, el trato cotidiano se hace más sencillo.
¿Considera que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en su actual lugar de residencia?S
í. Aquí existe una legislación laboral que protege mucho al trabajador. Los Prudhomes (el tribunal de hombres prudentes) son un recurso  extremadamente efectivo en caso de conflicto, por ejemplo.  Las 35 horas te aseguran una calidad de vida.  El contrato indefinido es más sencillo de obtener y el nivel superior de estudios no es un defecto sino un valor. De todos modos, hablo de mi experiencia, y desde la misma puedo decir que si la crisis continúa, las cosas se harán más difíciles en este país.
¿Echa de menos España? Si las cosas estuvieran mejor ¿se plantearía volver?
Echo de menos a mi familia y a mis amigos. Me faltan el mar y la comida, y hasta las horas extra de luz.  Llegué aquí con la idea de pasar dos años, ganar experiencia y volver a casa. Tras tres años,  asumo que el momento de regresar todavía no ha llegado, ni sé si llegará. Mi profesión no tiene apenas reconocimiento en España y la mentalidad tendría que cambiar mucho para que se deje de vernos como “esa chica que habla inglés y puede vender aspiradoras en Arabia Saudita”.
Cuánto de culpa cree que tiene España, sus políticos, gobernantes e instituciones de su marcha
No sé si hablar de culpa o de pérdida. El Estado Español, la Universidad e incluso Galicia han invertido en mi formación durante más de 10 años. Cuando un futbolista sale de la cantera a un equipo grande, el grande le paga al primero los derechos de formación.  Si las becas son una inversión ¿por qué es otro país el que se lleva los beneficios? 
¿Considera positiva su experiencia actual?S
í. Cuando jugaba al baloncesto, chupé mucho banquillo. Cuando salí de la Universidad, con mis postgrados y mis idiomas, tenía la misma sensación. Todavía no he llegado a la ACB, pero juego de titular y me dan minutos.
¿Se considera emigrante? ¿Cómo lo valora?
No me considero. Soy la tercera generación de emigrantes de mi familia, y es algo que tenemos, por desgracia, asumido. Hace ya varios años, mis tías me regalaron una maleta-armario por Reyes, conscientes de que un día me haría falta.  Lo asumimos, como asumimos los ojos claros o el acento gallego. Viene con los genes.
¿Vive con cierta frustración la actual situación? ¿Impotencia de luchar contra gigantes inalcanzables?
No tengo por costumbre pelearme contra molinos de viento.  Quedarme en la frustración de lo que no ha podido ser en mi país sería reconocer un fracaso que no es el mío. Marcharse no es sencillo,  pero yo contaba con la ventaja de conocer la lengua, la cultura, y  tener una buena oferta de trabajo. Mirar atrás no tiene sentido.
¿Es usted una indignada?
Esa palabra siempre me recuerda a mi abuelo, que se ponía rojo y juraba en arameo cuando se enfrentaba a una injusticia. “Estou indignado” decía, y era el grado sumo de ira e impotencia de alguien que siempre estaba sonriendo.  Y sí, la situación actual, me trae con frecuencia  ese exabrupto a la memoria, y a la lengua. 
¿Hubiese pensado verse en esta situación hace unos años?
Como dije antes, no. Mi idea era ganar algo de experiencia, ahorrar dinero y volver.
Cuénteme un sueño recurrente que tenga con la posibilidad de volver a España
La casa de mis abuelos en la aldea. Ahora que ya no están no sé qué va a suceder con el lugar donde aprendí a caminar, a andar en triciclo y luego en bicicleta, a jugar a las cartas, a distinguir un castaño de un eucalipto. La casa donde dormíamos siete en una habitación los días de fiesta y nos traían el desayuno a la cama. Mi casa. Sueño con ella varias veces a la semana.
Por último, qué mensaje le gustaría dirigir a la clase política española
Que cesen la demagogia con los emigrantes. Ni somos “Españoles por el Mundo” con criada y limusina, ni los miserables de Víctor Hugo. Un folleto de un candidato a la presidencia decía “vamos a mejorar sus condiciones de vida en el extranjero”. Pues como lo hagan igual que en España, lo llevamos claro. Lo que quiero es que mejoren las condiciones de vida en mi país, y no sólo para volver, sino también para mis familiares y amigos, para mis vecinos y para esa señora que siempre va enfurruñada y nunca me saluda. Y que devuelvan el voto en las locales a los emigrantes. Nos hemos ido a trabajar fuera, pero no hemos renunciado a nuestra ciudadanía, ni para nosotros ni para nuestros hijos.

miércoles, 25 de abril de 2012

Álvaro Martín: "Me gustaría volver a España en algún punto de mi vida"

Nombre: Álvaro Martín Alhambra
Edad: 21 años
Profesión: Estudiante
Nivel de estudios: 2º de carrera
Lugar de nacimiento: Collado Villalba (Madrid)
País de residencia: Inglaterra

¿Cómo surge la idea de marcharse fuera de España?
Por razones bastante fortuitas me enteré de que existía la posibilidad de estudiar la carrera en el extranjero, que es algo que en España casi nadie tiene en mente, y que no es tan caro como puede sonar. Yo ya había empezado a estudiar física en Madrid y me iba bien, pero marcharme a Oxford parecía que era algo que me abriría muchas puertas de cara a mi futuro académico y profesional.
¿Trabajaba en el momento de tomar la decisión de marcharse?
No, como he dicho estaba todavía en mi etapa de estudiante.
¿Le costaba encontrar trabajo “de lo suyo” en España? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Casi tengo claro que quiero ser investigador, lo que en principio en España es posible. Pero claro, desde que empiezas a estudiar se oyen muchas cosas de cómo está todo aquí y de qué perspectivas hay si te quedas en la universidad española. Incluso antes de la crisis la opción de irse al extranjero ofrecía mejores posibilidades. El sistema de universidades que hay en España, cómo está organizada la investigación y también el hecho de que no haya prácticamente investigación industrial, entre otras cosas, hacen que estudiar ciencias sea más una cuestión de “amor por el arte” .
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera?
Ambivalente. Conocer a tanta gente de otros países (sobre todo ingleses, claro) cuesta mucho, sobre todo no llevando el suficiente nivel de inglés.  Tener que convivir dentro de una sociedad que no es la tuya, y más en un sitio como Oxford, es duro, sobre todo los primeros meses... la adaptación nunca es completa. Por otra parte, siempre se acaba haciendo amigos y el esfuerzo de tener que integrarse tiene su recompensa. Creo que me ha hecho más maduro, más sociable y más abierto. Entiendo que el hecho de irse fuera de miedo, a mi me lo daba y mucho, pero la única manera de quitárselo es irse.
¿Considera que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en su actual lugar de residencia?
Académicamente Oxford me ofrece cosas que no creo que haya en ninguna universidad de España. Si quieres una educación de primer nivel, en muy pocos casos una universidad española va a estar a la altura. No digo que en España no haya profesores o investigadores buenos, sólo que a nivel undergraduate, como lo llaman aquí, un sitio como Oxford, Cambridge o algunos otros, no los hay en España, por mucho “Campus de Excelencia Internacional” que se quieran inventar. Esto es una cuestión bastante profunda. Aunque en España se estudie y se investigue, en ningún momento de la historia,  que yo sepa (¿salvo quizás Al-Andalus?), se ha llegado al nivel de otros países. Aparte de eso, en investigación hay más y mejor trabajo, y bastante mejor pagado que en España, por cierto.
¿Echa de menos España? Si las cosas estuvieran mejor ¿se plantearía volver?
Sí rotundo. Echo de menos todo: a la gente, familia, amigos, sol, las croquetas de mi madre, hablar español ¡todo! Tengo la suerte de poder volver a menudo, pero yo quiero volver definitivamente en algún punto de mi vida. El plan ideal sería formarme del todo fuera, hacer doctorado, post-doc y lo que haga falta y volver con un buen puesto. No sé hasta qué punto es un plan realista.
Cuánto de culpa cree que tiene España, sus políticos, gobernantes e instituciones de su marcha
En cuanto a políticos y demás, supongo que tienen la culpa de no haber hecho las cosas mejor, pero yo creo que me hubiese marchado igualmente hace 10 y 20 años. España tiene la culpa como país por no tener una “cultura del mérito” como la tienen otros países y por elegir a gente que no hace las cosas lo suficientemente bien.
¿Considera positiva su experiencia actual?
Creo que sí. Supongo que si hubiese estudiado en España me hubiese acabado yendo igualmente, pero ahora tengo muchas más puertas abiertas.
¿Se considera emigrante? ¿Cómo lo valora?
No del todo. Yo todavía estoy en España buena parte del año y sólo estoy en Inglaterra estudiando. Cuando me toque trabajar de verdad ya será distinto.
¿Vive con cierta frustración la actual situación? ¿Impotencia de luchar contra gigantes inalcanzables?
Ahora mismo soy optimista y me veo con opciones de labrarme un futuro más o menos próspero, incluso sin ganar muchísimo dinero. Ya lo que deparará el futuro no lo sé, pero yo de momento me lo intento currar.
¿Es usted un indignado?
Me indignan muchas cosas, pero me resigno más bien. No va a dejar de haber políticos corruptos hasta que la gente deje de elegirlos; la economía ni se va a levantar sola ni ayudada por una política sensata (aunque ayude), sino trabajando bien y mucho. Quiero decir, hay fallos en el sistema, pero en el fondo todos somos parte de él.
¿Hubiese pensado verse en esta situación hace unos años?
En absoluto, la verdad es que esto vino un poco de casualidad y simplemente lo hice cuando tuve la oportunidad.
Por último, qué mensaje le gustaría dirigir a la clase política española
Mi compañero de piso alemán me dijo el otro día que el Presidente de la República había dimitido porque se supo que le habían concedido un préstamo a un interés muy bajo o algo así, y me eché a reir. Simplemente pido que tengan un poco más de decencia y luego ya más cosas, pero primero eso.